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lunes, 22 de enero de 2007

EL DORADO



L

Un alfiler no puede prenderse en marea alta
el grito de una mujer despierta
incendia la ropa del tendedero de cualquier barco
de una barcaza
de una azotea mirando manchas grises

grito:
lúgubre certidumbre que abrocha a todos los imperdibles
con la fuerza del pañal de tu hijo

nada sabes de mí en la vuelta de la esquina
porque en un territorio mojado
no hay esquinas ni paraderos
ni pañuelos mantillas o paraguas

es la seca paciencia que puede competir con un gato
estar en altamar y no perder de vista la tierra espesa
los besos de un animal mojado

sé de tus caricias que se quedan para no perderte
sé de los acentos y sus rimas
de los flujos y reflujos
de tu alma toca puertos

los alfileres clavan dioses y mosquitos
no soy ni lo uno ni lo otro
transito forastera pendiente entre tus hoyuelos
sin necesidad trascendente gimo:
una noche sola puede ser
un escaparate de niñas bobas
o encuentro con el amor de una noche