CANTO XV
¿ Esperas oír mis canciones de rosa negra humedecida?,
porque no sabes la falta de serenidad que hay en una vulva amante
porque no has descubierto lo que la costumbre del amor
puede hacer a un cuerpo de treinta y cinco años.
Mis senos se han vuelto algodones de nodriza con eterna leche.
Mi pubis, desconcertado, no puede vivir ya lejos de la muerte.
No me siento llena.
La luna habita en mi matriz y de mis ojos nace el sol cuando conservo el ritmo.
Me siento entonces capaz de recordar otras vida o inventarlas;
de convertir ese rito, en el único ritual sagrado que soy capaz de vivir.
Con el tiempo, me he convertido en la sacerdotiza
de los hombres y mujeres que bailan en mi deseo,
porque no ha todos he podido tenerlos.
¿ Quieres escuchar cómo gimo y me revuelco cuando extraño busco encuentro?
Soy entonces una loba rabiosa sin pena capaz de aullar a la noche
roer pieles y firmar el sello de intercambio energético más poderoso del cosmos.
Ser la unidad.
Soy el uno
lúbrica como la Ciudad de Agua
en la certeza de hacer malabarismo en el centro de un hombre.
Soy
madre de auroras violetas que cantan himnos a Eros
al encontrar el punto primigenio que completa
y da sitio
- El único sitio posible -
Para ser habitado por una mujer en llamas.