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sábado, 22 de abril de 2006

Del poemario: Ciudad de Agua





Canto 1

Ya no te alimentamos a ti

Padre Sol

origen y fin de los macehuales

hoy olvidados

entre el complejo hilado de la piel mestiza.

Se ha roto el pedernal

ha llegado la hora de hallar la mitad

de la caracola sagrada de tu hijo

- Señor lucero de la mañana,

Señor estrella vespertina -.

Hay que sonar con fuerza los pulmones

Hacer brotar el canto que unifica

Se ha roto el pedernal de jade

y sobre él lloro parsimoniosamente

como elefante arcaico.

La pena se ha detenido en mi corazón de obsidiana

- de hembra olvidada -

y anacrónica buscadora de ser.

Las alas me cayeron

una

a una

porque querido Tonatiuh

ya no hay corazones que ofrecerte:

todos se quiebran

son espoonjas calcáreas

Tata:

Los que habitamos hoy

no tenemos rostro

- algunos nos llaman mexicanos -

pero esta voz es ajena a la voluntad de los hierofantes

que se han apoderado de ésta

tu amada Tenochtitaln

La flecha sagradas han roto

el cuenco sagrado han roto

La pluma acabaron:

Sólo comercian oro

gente

Sin piedad,

pudor,

elegancia.

Son ausentes dinosaurios grotescos de marcha sigilosa

de izquierda a derecha

observan, sospechosos.

Saben del odio de las abuelas,

de las madres

de los hijos de las madres.

Saben y sonríen

creyendo eterna su ventura

Sólo tú que dibujas las sombras

tú que culebreas armonioso por las escaleras

del templo en equinoccio

tu querido abuelo,

Tatita de larga cabellera

Purifícanos

gmc, 1985

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