
Canto 1
Ya no te alimentamos a ti
Padre Sol
origen y fin de los macehuales
hoy olvidados
entre el complejo hilado de la piel mestiza.
Se ha roto el pedernal
ha llegado la hora de hallar la mitad
de la caracola sagrada de tu hijo
- Señor lucero de la mañana,
Señor estrella vespertina -.
Hay que sonar con fuerza los pulmones
Hacer brotar el canto que unifica
Se ha roto el pedernal de jade
y sobre él lloro parsimoniosamente
como elefante arcaico.
La pena se ha detenido en mi corazón de obsidiana
- de hembra olvidada -
y anacrónica buscadora de ser.
Las alas me cayeron
una
a una
porque querido Tonatiuh
ya no hay corazones que ofrecerte:
todos se quiebran
son espoonjas calcáreas
Tata:
Los que habitamos hoy
no tenemos rostro
- algunos nos llaman mexicanos -
pero esta voz es ajena a la voluntad de los hierofantes
que se han apoderado de ésta
tu amada Tenochtitaln
La flecha sagradas han roto
el cuenco sagrado han roto
La pluma acabaron:
Sólo comercian oro
gente
Sin piedad,
pudor,
elegancia.
Son ausentes dinosaurios grotescos de marcha sigilosa
de izquierda a derecha
observan, sospechosos.
Saben del odio de las abuelas,
de las madres
de los hijos de las madres.
Saben y sonríen
creyendo eterna su ventura
Sólo tú que dibujas las sombras
tú que culebreas armonioso por las escaleras
del templo en equinoccio
tu querido abuelo,
Tatita de larga cabellera
Purifícanos
gmc, 1985
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