Páginas

domingo, 17 de junio de 2007

Gabriel García Márquez II y el día del padre



Ya les he contado que mi padre, este que está en la foto, me adentró desde niña al mundo de los sueños. Él preguntaba por las mañanas: " y qué soñaste hoy"..., cuando no había respuesta me decía " cuando te despiertes no hables con nadie, muévete poco y trata de recordar con los ojos cerrados qué soñaste". Así los días con Alberto Monroy Cajiga comenzaban platicando de los sueños, de lo que la familia había soñado.

A él debo mi pasión por leer hasta las contracaras de los envases, las obras de Julio Verne y más tarde Isaac Asimov, Huidobro, a "El Cocodrilo", a Juan Rulfo y su Pédro Páramo y ya no sé cuántos y cuántas más.

Con él aprendí a leer poesía y a disfrutar de la poesía: coleccionábamos piedras de todo tipo y se tomaba el tiempo para llevarme a recolectarlas. Geodas, cuarzos y piedras y gemas formaban una colección que más tarde, cuando el murió, casi termina en la basura porque mis hermanos mayores, al estar convencidos que no "valían nada" iban a deshacerse de ella. Igual iba a sucederle a la colección de obras prehispánicas, en esa familia, fuera de él y yo nadie mostró interés por las culturas indígenas de este país.

Por mi padre supe de lo que a unos les ha dado por llamar "realismo mágico" y que yo identifico más con la maravillosa y pletórica imaginación con la que llenaba mis días. Él me hizo querer vivir con poesía convirtiendo lo cotidiano en sagrado y maravilloso. No permitió que dejara de ver lo sorprendente que puede ser cada día y no me dejó ahogarme en la intrascendencia de la vulgaridad, entendida como la incapacidad de asombro por la vida más que el cuidado esmerado de gestos y palabras.

Alberto Monroy Cajiga, mi padre, fue periodista, productor de cine, innovador, emprendedor y soñador y sobre todo fue un padre divertido, interesante, bueno en el buen sentido de la palabra bueno, cariñoso y cálido; siempre atento a mis razonamientos, mis dudas, mis sentimientos.Con él platicaba en las tardes, nos íbamos a que se tomará un café y yo un helado, un dulce, un pastel, lo que fuese. Era mi amigo, mi interlocutor, mi cómplice, mi maestro, mi amor.

Se fue hace 36 años y hoy tengo 50 pero sigo encontrándolo en Macondo y las mariposas amarillas siempre me hablan de él y de sus alcances y me sigue inspirando y lo sigo queriendo y lo sigo extrañando.

( Por todo ello le doy gracias a Gabrielito y seguro que mi padre se hubiera devorado sus libros..."Ojos de perro azul" es de no perdérselo...)



7 comentarios:

  1. gracias por esta entrada, me has hecho pensar, degraciadamente no puedo decir lo mismo de mi padre.

    hoy inicio una nueva etapa en mi vida... ya lo leerá.

    un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Muy emotivo el homenaje a tu padre. El siempre está contigo.
    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Que lindo ser un padre así. Creo que mi hija tiene esa idea de mí.

    Me conmovió mucho.

    Saludos

    ResponderEliminar
  4. ays amiga....
    te leo y se me hace un nudo en el estómago...
    que manera mas hermosa de recordarlo, de preservarlo, de amarlo...
    Mi papi tiene 3 años de habrse ido de la vida y cada año que pasa me aferro a seguir buscandolo entre los detalles de mi mundo...
    también mi padre me acercó a la literatura, a la poesía y a apreciar todo el arte...
    me dejas conmovida...
    Mil besos...

    ResponderEliminar
  5. Qué bello post Gabriela!

    Me hiciste sonreir. También coleccioné piedras, en realidad las sigo coleccionando. Ahora, de mi viaje me traje un puñadito de El Escorial y de los caminos hacia las ermitas de Monsterrat, unas piedras blancas (allá son todas claras) preciosas y están en una fuente transparente en mi pieza (las más especiales están en la repisa de mi biblioteca!).
    Tienes tanta razón con eso de vivir con la poesía presente. Me dejaste un gusto familiar y acogedor después de leerte. Y hasta tal vez un poco de envidia por ese padre tan cercano que tuviste. Un regalo precioso.

    Muchos saludos!

    ResponderEliminar
  6. Que bonito que alguien pueda decir algo asi de uno años después.

    Buen regalo del padre. Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Preciosa la rememoranza de un progenitor con el que soñar no costaba nada. A mi fue mi abuela la que me adentró en el mundo mágico.

    Un placer.

    ResponderEliminar