
En los tiempos de las tatarabuelitas, de los tatas para ser más breves, hubo un viejecito gruñón, indito, pequeñito, con piel de cobre y manos duras, con callos, con olor a tierra, con mirada de tigre enojado y de noche, que constantemente, por lo menos cada dos por tres, daba de saltos en su casa, y su mujer se asustaba. Porque el viejo brincaba como chapulín y se retorcía mientras gemía de coraje, porque le enojaba ser viejo.
Él pensaba que los viejos no tenían fuerza, que los viejos eran viejos y no servían pa´ná y que los jóvenes se burlaban de ellos y que los niños les tiraban piedras y que las niñas se aburrían con sus cuentos.
El viejo parecía caimán en esas tardes que se enojaba: peleaba contra el viento, el fuego, la palma del techo de su casa; con decirte Pablo, que hasta parecía que tenía cola como los lagartos. Cuando estaba más furioso tiraba puñetazos como peleador experto y lloraba mientras decía:
-maldita sea, maldita sea ser viejo-.
La mujer, de trenzas blancas y ojos pequeños, suspiraba y se atemorizaba, hasta que harta de los dengues de su marido decidió buscar consejo entre las mujeres que conocía.
Una le dijo: -ponle pinole en su agua y endúlzalo con piloncillo. Todo durante 8 lunas llenas y dejará el mal genio.-
Otra, le dijo: -Prende tres velas, saca un tazón de barro al sol del medio día; cuela el agua en la noche y refréscale con el frío de la noche y a la mañana siguiente, todos los días de aquí a que se componga, dale de beber esa agua a la luz de las velas.-
Una más, la mejor amiga de la mujer desde que eran niñas, le dijo: -pero pa´qué te haces. Tu viejo tuvo mal genio desde joven y no tiene nada de nada. Lo único que le pasa es que siempre ha sido bien terco y berrinchudo. La próxima vez que te venga con eso, mejor le dices: tengo un chocolate calientito, ¿ no prefieres gustar de su sabor ahora que ya tás viejo y antes de que no puedas?-
La mujer del viejo enojón siguió al pie de la letra su consejo. Los primeros días el hombre no probó el chocolate y la mujer – siguiendo los consejos de su amiga – tiró – sin darle un sorbo siquiera-, el chocolate del viejo frente a su mirada atónita.
En esa época Pablo, el cacao – con lo que se hace el chocolate - era tan valioso como el oro. Por eso el viejo al cuarto día, detuvo la rabieta, bebió el chocolate de la esposa y no pudo más hacer berrinches, pensando en que tal vez sí ´taba viejo, muy viejo, pero no quería estar tonto.
Jjajaja, excelente estrategia!
ResponderEliminarComo puedes ver el chocolate tiene varias ventajas saludables, he ahí porqué soy la fanática Nº1
parafrasenado... a mi me gustan las cuentas claras y el chocolate caliente.
ResponderEliminarhermosa historia, gracias por compartirla.
Hace tiempo que no me daba vuelta por acá, amiga Gaby, y veo con sorpresa satisfecha los cambios que han ocurrido por aquí.
ResponderEliminarTe dejo un saludo muy cordial y mi agradecimiento por compartir éste simpático texto que me recordó vagamente los cuentos de Francisco Rojas Gonzaléz, autor admirado al que gracias a ésta luminosa entrada retomaré ésta misma tarde.
;)
¡Buena semana!
Jajajajaja me cago de risa y de hambre....cuando nos echamos unos tragos coquetos?
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarGaby, que gusto verte por allá, en mi casita que ya tenía telarañas jajajj. Ya voy a poner a limpiar para que este en condiciones para tu próxima visita.
ResponderEliminarY bueno, venir para acá, leer este relato tan sutil. Sí somos tercos, crueles con los viejos porque le tememos a la vejez y por supervivencia. Nos aferramos a nuestro miedos como fortaleza.
Lo único malo del relato es que deseé una taza de chocolate y le aumente unos churros. Pero, lo peor es que soy alérgica al chocolate desde hace dos años jajaaj.
El relato dedicado a tu padre me conmovió muchísimo. El mío murió cuando tenía 5 años, pero antes,me enseño a leer y escribir, me tenía pegada a su él como una lapa.Igual me hacía leerle todo, cosas que yo ni entendía, pero me fascinaba como sonaban las palabras y mas las raras, era como sentir que en ellas había algo muy profundo.
Gracias Gaby
un beso
y
las especias siempre han sido caras, pero cuando el chokolate llego a europa el mundo cambio. Tambien somos gente de chokolate, lo traemos en la sangre, en la historia, en la mirada, y por eso seremos eternos.
ResponderEliminarme acabo de levantar asi que si no tiene coherencia lo siento, hahaha
saludos de chokolate prensado frances con 85% cocoa...mmmmmm
El relato del "chocho" me recordo un "chachacha"; Toma chocolate, paga lo que debes...
ResponderEliminarDel filme Los Tres Mosqueteros y Medio con Tin Tan y su carnal Marcelo.
Saludos.
Genio y figura, hasta la sepultura. Es cierto: los viejitos cascarrabias fueron jóvenes cascarrabias, y eso es imposible que se modifique... así que, mejor, que se tomen un chocolatito.
ResponderEliminarMe acuerdo de esa parte de Cien Años de Soledad, cuando el padre Rentería toma una taza de chocolate y ¡¡¡se eleva del piso!!!
ResponderEliminarEn una entrevista, el mismo Gabo dice algo así: Piénsele y solamente con el chocolate puede suceder la levitación, con ningún otra bebida.
Y bueno también me acuerdo de Pessoa que decía, también algo así: no hay más metafísica que un chocolate.
Salud ;)
Pues sí, que es buena la técnica. Conmigo lo lograbas porque es que me chifla y enloquece. Hasta límites más allá de toda razón. Por eso me cuido mucho y apenas consumo ¡Si empiezo no paro!
ResponderEliminarMe ha encantado tu relato, es más creo que hasta me identifiqué con el gruñon jeje.
ResponderEliminarUn saludo.
Hasta luego.
Guey, mas n opendejo, jaja
ResponderEliminarDelicioso,en todos los sentidos...el mejor antidepresivo,el sabor más dulce...siempre sabe bien...y siempre me apetece...
ResponderEliminarRepito,delicioso,el chocolate y el relato que nos lo trae
besos