( Este es un post dirigido a todos los blogueros para que nunca les suceda algo semejante a lo que me ocurrió)En el post de ayer les comentaba que venía cansadísima de un viaje de trabajo. Déjenme decirles que nada cansa más que la desorganización, me explico: me contrataron para un estudio de mercadotecnia que se realizó allá en la península de Baja California.
Desde el momento uno que llegué, todo fue un caos que consumió las horas y casi hizo fracasar el objetivo de la investigación. La razón: cuidar los chiles y no los miles. Cuando se realiza un trabajo cuidando los márgenes de utilidad por encima de cualquier otra cosa, se acaban mermando los márgenes de utilidad. Claro, se contratan a toda clase de personas improvisadas, a 3 mil kilómetros de distancia, sin tener en cuenta que lo "barato, segurito que sale caro", y entonces comenzó mi viacrucis, ya que al llegar entendí que lo que debían haber hecho los contratados desde la capital no coincidía con lo que el cliente necesitaba y claro está que en ese momento, a gritos y sombrerazos, se nos da la orden de "arréglalo como puedas". En esos momentos el reloj comienza a girar en contra de uno, que trata infructuosa y desesperadamente de corregir en minutos lo que debió hacerse con 8 días de anticipación. El primer "encargo" era concertar las citas con los personas a entrevistar en una ciudad desconocida, enorme y en la que se recorren grandes distancias para llegar de un punto a otro, sin tráfico, gracias al cielo.
Por supuesto que todo salió cocinado al vapor por lo que no pudo otorgarse el servicio a los clientes con los mínimos estándares de calidad. Y ahí está una, con su cara de güey frente a los gringos contratantes, tratando de darles explicaciones cantinflescas del desorden, producto de la falta de visión, liderazgo y excesivo amor al los centavos. ¡ Qué le va uno a hacer!
Aprendí con este viaje el significado que le dan los gringos a unas siglas TMO: Total Mexican Organization, o sea lo que es lo mismo:
¡ Pinche desmadre!





